Vitrofusion:
El vidrio es cortado y pintado a mano y luego se hornea a 850ºC.
Aquí es donde la pieza
adquiere toda la belleza que combina nuestra mano con el efecto que
producen estas
temperaturas. Cuando se llega a dicha temperatura, finaliza el proceso
de horneado
realizándose el templado (baja abrupta de la temperatura),
garantizando un excelente
brillo y un aumento notable de su resistencia respecto de su estado
original.
A partir de aquí, resta una larga espera de 8 horas para la
apertura del horno.
El resultado de todo esto, es una pieza inalterable de alta calidad.
Es de hacer notar que los esmaltes (colores) con los que trabajamos
son formulados exclusivamente en nuestro taller, y fundamentalmente
el metal incluido en el vidrio, que permite sujetar la pieza donde
se
la requiere, es de una aleación especial, que no oscurece después
de horneado y no se oxida al estar en contacto con aire, agua, etc.